La deuda de EE.UU. que puede hundir al mundo: 35 billones y creciendo

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Dato Visual · Archivo Económico
Deuda pública de EE.UU. 2000–2024 — De 5,7 a 35 billones de dólares
Fuente: U.S. Treasury, Congressional Budget Office · En billones USD (trillions) · Elaboración: Archivo Económico

La deuda pública de Estados Unidos superó en 2024 los 35 billones de dólares (35 trillion en nomenclatura anglosajona). Para contextualizar esta cifra: es mayor que el PIB combinado de China, Japón, Alemania y el Reino Unido. Y lo más relevante no es el número en sí, sino la velocidad a la que crece: un billón adicional cada 100 días.

Cómo se llegó hasta aquí: las tres grandes oleadas de deuda

La deuda de EE.UU. no creció de manera uniforme. Hubo tres momentos de aceleración que explican la mayor parte del salto: la respuesta a los atentados del 11-S y las guerras de Afganistán e Irak (2001-2008), la crisis financiera global de 2008-2009, y el impacto de la pandemia de COVID-19 en 2020. En cada uno de estos episodios, el gobierno federal respondió con un gasto masivo que multiplicó el déficit y, con él, la deuda acumulada.

El problema de los intereses: cuando la deuda se alimenta a sí misma

Lo que convierte esta situación en potencialmente peligrosa no es tanto el nivel de deuda sino el coste de financiarla en un entorno de tipos de interés elevados. En 2023, el gobierno de EE.UU. pagó más de 870.000 millones de dólares solo en intereses de su deuda, superando por primera vez al gasto en defensa. Con la Reserva Federal manteniendo los tipos en máximos de décadas para combatir la inflación, cada refinanciación de deuda se hace a un coste mayor.

El Congressional Budget Office (CBO) proyecta que, si no hay cambios en la política fiscal, los pagos de intereses podrían superar el billón de dólares anuales en 2025 y representar el gasto federal más grande en la próxima década, por delante de la Seguridad Social y Medicare.

¿Por qué no ha colapsado ya? El privilegio del dólar

La razón por la que EE.UU. puede acumular una deuda de esta magnitud sin enfrentar la crisis que sufriría cualquier otro país es el estatus del dólar como moneda de reserva global. Más del 60% de las reservas internacionales mundiales están denominadas en dólares. Cuando hay turbulencias globales, los inversores compran bonos del Tesoro americano, no los venden. Esta demanda estructural mantiene artificialmente bajos los tipos de interés que EE.UU. paga por su deuda.

Sin embargo, este privilegio no es eterno. El yuan chino gana terreno como moneda de comercio bilateral. Los países del BRICS exploran alternativas al sistema de pagos en dólares. Si el dólar perdiera aunque sea parcialmente su hegemonía, el coste de financiar esta deuda se dispararía, con consecuencias impredecibles para la economía global.

¿Qué significa para América Latina?

Para México, Colombia, Argentina y el resto de la región, la deuda de EE.UU. importa por dos canales principales. Primero, a través de los tipos de interés globales: cuando la Fed sube tipos para controlar la inflación americana (en parte causada por el gasto deficitario), el capital global fluye hacia EE.UU. y se encarece para los mercados emergentes. Segundo, a través del tipo de cambio: un dólar fuerte encarece las importaciones en toda la región y presiona las balanzas de pagos.

La paradoja final es que los propios países latinoamericanos son, en parte, acreedores de EE.UU.: muchas de sus reservas internacionales están invertidas precisamente en bonos del Tesoro americano. Una crisis de deuda en Washington sería una crisis también para sus acreedores.

Fuentes

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Redacción Archivo Económico

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