Actualizado: 5 de septiembre de 2026.
Durante meses, la historia parecía relativamente sencilla: la inflación española iba a repuntar durante 2026 por la energía, mantenerse elevada durante algunos meses y después empezar a moderarse. Bankinter continúa trabajando con una previsión parecida. Su Departamento de Análisis y Mercados estima que la inflación media de España terminará 2026 alrededor del 3,2% y descenderá hasta aproximadamente el 2,7% en 2027. Si miramos específicamente el cierre de cada ejercicio, su previsión es de 3,3% en diciembre de 2026 y 2,4% en diciembre de 2027.
Sobre el papel, la dirección parece clara: 2026 seguirá siendo incómodo y 2027 debería traer bastante más alivio. Pero acaba de aparecer un problema: el indicador adelantado del INE sitúa la inflación española de agosto en 4,3%, siete décimas más que en julio, y bastante por encima del 3,6%-3,7% que Bankinter esperaba aproximadamente hacia el final del tercer trimestre.
Eso no significa automáticamente que su previsión haya quedado invalidada, pero sí obliga a plantear una pregunta que hace unas semanas parecía menos urgente: ¿puede España terminar realmente 2026 cerca del 3,3% si la inflación ya está en 4,3% y el petróleo vuelve a acercarse a los 100 dólares? Vamos a mirar los datos.
Primero: no confundamos inflación media con inflación de diciembre
Éste es probablemente el detalle más importante para interpretar correctamente las previsiones de Bankinter. Cuando Bankinter habla de una inflación media del 3,2% en 2026 y 2,7% en 2027, se refiere al promedio de las tasas de inflación registradas a lo largo de cada año. Pero cuando habla de 3,3% en diciembre de 2026 y 2,4% en diciembre de 2027, se refiere específicamente a la tasa interanual prevista al final de cada ejercicio. Son cosas distintas.
Una economía podría, por ejemplo, tener una inflación muy elevada durante la primera mitad del año y terminar diciembre con una tasa bastante menor; la media anual seguiría siendo alta. Por eso hay que evitar titulares del tipo «Bankinter dice que la inflación será 3,3% en 2026» sin aclarar exactamente qué significa ese número: la previsión media de Bankinter para 2026 es 3,2%, y su previsión para diciembre es 3,3%.
Bankinter esperaba un verano complicado
El escenario publicado por Bankinter en julio ya contemplaba un repunte de los precios. La entidad esperaba que la inflación avanzara gradualmente hacia aproximadamente 3,6%-3,7% al final del tercer trimestre de 2026. La razón principal era la energía: el conflicto en Oriente Próximo había provocado fuertes movimientos en petróleo y combustibles. Además, el Gobierno español había aprobado medidas temporales para amortiguar parcialmente el golpe sobre determinados sectores y consumidores, y Bankinter consideraba que estas medidas harían más gradual la transmisión del encarecimiento energético hacia el IPC.
Es decir: Bankinter no estaba pronosticando una inflación tranquila durante el verano, sino esperando una aceleración. El problema es que agosto ha acelerado más de lo previsto.
España alcanza el 4,3% en agosto
El Instituto Nacional de Estadística publicó el 28 de agosto su estimación adelantada: el IPC habría aumentado un 4,3% interanual, frente al 3,6% de julio. Estamos hablando de un salto de 0,7 puntos porcentuales en solamente un mes. Además, el IPC aumentó aproximadamente un 0,7% mensual.
¿Qué está detrás? Principalmente combustibles y lubricantes: el INE explica que estos precios aumentaron durante agosto, mientras que en agosto de 2025 habían disminuido. También contribuyeron los alimentos y bebidas no alcohólicas, cuyos precios bajaron menos de lo que habían bajado un año antes; es decir, tenemos también un importante efecto de comparación. Pero la conclusión principal es clara: la energía ha vuelto a colocar a España en una inflación superior al 4%.
Hay, sin embargo, un dato mucho más tranquilizador
La inflación general está en 4,3%, pero la inflación subyacente habría descendido ligeramente desde el 3,0% hasta el 2,9%. Esto es importantísimo. La inflación subyacente excluye los alimentos no elaborados y los productos energéticos, que suelen presentar movimientos mucho más bruscos. Por tanto, estamos viendo algo aparentemente contradictorio: la inflación general acelera con fuerza mientras la inflación subyacente se modera ligeramente.
Esa divergencia nos dice mucho sobre la naturaleza del problema: la presión actual parece seguir viniendo principalmente de los componentes más volátiles, especialmente energía. No significa que podamos ignorarla —una familia paga la gasolina independientemente de que un economista la considere «subyacente» o no—, pero para saber si estamos entrando en una nueva espiral inflacionaria generalizada, este dato es fundamental. Y por ahora no estamos viendo una aceleración similar en el núcleo de la inflación.
Bankinter había reducido su previsión en julio
Hay otra cosa interesante: Bankinter no aumentó sus previsiones en julio, las redujo ligeramente. La entidad rebajó su estimación de inflación media para 2026 en aproximadamente 0,2 puntos porcentuales hasta el 3,2%, y también redujo su previsión para 2027 en 0,2 puntos hasta el 2,7%.
¿Por qué? Porque en el momento en que realizó la actualización, el petróleo había bajado bastante más rápido de lo esperado. Bankinter señaló entonces que el Brent rondaba aproximadamente los 73 dólares por barril, y su escenario suponía que el petróleo acabaría estabilizándose alrededor de 85 dólares a finales de 2026 y 80 dólares durante 2027. Aquella hipótesis era fundamental, y dos meses después tenemos un problema.
El petróleo está ahora por encima de la hipótesis de Bankinter
El Brent cerró esta semana alrededor de 96 dólares por barril, aproximadamente 11 dólares por encima del nivel de 85 dólares que Bankinter utilizaba como referencia para finales de 2026. No significa que el petróleo vaya a permanecer en 96 dólares: puede bajar, puede volver a 85, puede incluso caer por debajo. Pero a día de hoy el supuesto energético que sostenía parte de la previsión de inflación está sometido a una presión bastante mayor. Y eso importa especialmente para España.
El petróleo llega a España por varias vías
Cuando sube el petróleo pensamos inmediatamente en gasolina y diésel, pero el impacto puede extenderse mucho más: transporte, agricultura, pesca, logística, aerolíneas, industria, productos químicos, plásticos y distribución utilizan energía directa o indirectamente. Una empresa puede absorber parte del aumento reduciendo su margen, pero si el encarecimiento dura suficiente tiempo, empieza a intentar trasladarlo a sus clientes. Ahí aparece el verdadero riesgo: que un shock energético deje de estar contenido en energía.
Las ayudas han amortiguado parte del golpe
Bankinter también incorpora en su análisis las medidas aprobadas por el Gobierno para reducir el impacto del conflicto energético. Según su evaluación, algunas medidas se ampliaron parcialmente hasta septiembre, entre ellas mecanismos relacionados con combustibles y ayudas a sectores particularmente afectados, como agricultura y transporte.
La retirada de estas ayudas también importa, porque un precio final parcialmente subvencionado puede aumentar cuando la ayuda desaparece aunque el precio internacional del petróleo permanezca igual. Por eso septiembre y los meses posteriores pueden generar bastante ruido estadístico, y ésta es otra razón para no extrapolar automáticamente el 4,3% de agosto hasta diciembre.
Entonces, ¿el 3,3% de diciembre sigue siendo posible?
Matemáticamente, sí. Económicamente, depende mucho de la energía. Para pasar de 4,3% en agosto a aproximadamente 3,3% en diciembre, la tasa interanual tendría que reducirse alrededor de un punto porcentual en cuatro meses. No es un movimiento imposible: la inflación puede cambiar rápidamente cuando intervienen efectos base fuertes, especialmente cuando la energía tiene un peso importante.
Pero para que ocurra probablemente sería necesario que varias cosas ayuden: que el petróleo deje de subir, que la presión energética no se extienda fuertemente hacia los precios subyacentes, que los efectos base se vuelvan favorables, y que el crecimiento de los precios internos permanezca relativamente contenido. Por tanto, la previsión de Bankinter sigue siendo posible, pero agosto ha aumentado claramente el riesgo de desviación.
Un dato juega todavía a favor de Bankinter: la subyacente
Si solamente observáramos el 4,3%, sería bastante fácil concluir que Bankinter se ha quedado demasiado bajo. Pero la subyacente en 2,9% obliga a ser más prudentes, porque si el problema fuera ya una inflación mucho más generalizada, esperaríamos que también estuvieran acelerándose fuertemente los componentes subyacentes. No está ocurriendo por ahora.
Esto aumenta la posibilidad de que una parte relevante del 4,3% sea transitoria. La palabra importante es posibilidad, no certeza: si el petróleo permanece en niveles muy altos durante meses, los efectos indirectos pueden aparecer posteriormente.
Bankinter espera que 2027 sea bastante diferente
Aquí encontramos probablemente la parte más optimista de sus previsiones. Para 2027, Bankinter espera 2,7% de inflación media y aproximadamente 2,4% en diciembre. Eso acercaría mucho más a España al entorno de inflación que los bancos centrales consideran compatible con estabilidad de precios.
La explicación vuelve a depender en gran medida de energía y efectos base: Bankinter asume un Brent alrededor de 80 dólares por barril en 2027. Si se cumple, el enorme impulso inflacionista de 2026 debería perder intensidad. Además, la entidad espera que la inflación subyacente media disminuya hacia aproximadamente 2,6%, y que termine diciembre de 2027 aproximadamente en 2,4%. Es decir: 2027 no sería todavía un regreso perfecto al 2%, pero sí un avance importante.
Banco de España es algo más pesimista para 2026
Bankinter no es la única institución haciendo previsiones. El Banco de España publicó en junio una estimación de inflación media para España del 3,6% en 2026 y 2,6% en 2027: para 2026 es más pesimista que Bankinter (3,6% frente a 3,2%), mientras que para 2027 las diferencias son bastante menores (2,6% frente a 2,7%).
Hay que tener cierta precaución al comparar previsiones porque no todas las instituciones utilizan exactamente la misma metodología o el mismo índice de referencia, pero la fotografía es útil: no existe un consenso perfecto sobre la intensidad del problema de 2026, aunque sí existe bastante coincidencia en que la inflación debería moderarse significativamente en 2027 si el shock energético se normaliza.
La Comisión Europea también espera moderación
La Comisión Europea proyectaba en mayo que la inflación armonizada de España alcanzaría aproximadamente 3,0% en 2026 y 2,5% en 2027. Otra vez encontramos la misma forma general: 2026 complicado, 2027 mejor. Las diferencias están en cuánto de complicado será 2026, y el dato de agosto probablemente hará que muchas previsiones vuelvan a revisarse durante los próximos meses si la energía permanece elevada.
El verdadero problema para las familias no es solamente la tasa anual
Hay otra cosa que nunca debemos perder de vista. Cuando escuchamos «la inflación bajará del 3,2% al 2,7%» puede parecer que las cosas serán más baratas. No necesariamente: una caída de la inflación significa normalmente que los precios continúan subiendo, pero más despacio. Supongamos que un producto cuesta 100 euros: si sube 4%, pasa a 104 euros, y al año siguiente sube 2,5%, hasta aproximadamente 106,60 euros. La inflación ha bajado, pero el producto sigue siendo más caro.
Por eso muchas familias pueden seguir sintiendo presión incluso cuando los economistas celebran una caída de la inflación. La verdadera recuperación del poder adquisitivo depende de otra comparación: salarios frente a precios. Si quieres ver exactamente cuánto poder adquisitivo puede perder tu dinero con distintos escenarios de inflación —por ejemplo, cuánto valdrían 10.000 € con una inflación del 3,2% o del 2,7% mantenida varios años—, puedes usar nuestra calculadora de inflación para simularlo con tus propias cifras.
Si los salarios crecen más que los precios, la situación mejora
Imagine que la inflación es del 3%, pero los salarios crecen 4%: en términos aproximados, los trabajadores están recuperando parte del poder adquisitivo perdido. Ahora imagine inflación 3% y salarios 2%: el IPC parece relativamente moderado, pero la familia continúa perdiendo capacidad de compra.
Por eso la inflación nunca debería analizarse completamente separada de salarios, empleo, productividad y crecimiento. España tiene actualmente un mercado laboral bastante resistente, y eso ayuda, pero también puede producir presión sobre determinados servicios si los salarios crecen persistentemente por encima de la productividad. Éste será otro punto que los economistas observarán en 2027.
¿Qué significa para el BCE?
España no decide sus propios tipos de interés: los decide el Banco Central Europeo para toda la eurozona, y eso introduce una peculiaridad. La inflación española adelantada está en 4,3%, frente al 3,3% de la eurozona: un punto completo menos. Esto significa que España está experimentando actualmente una presión inflacionista superior a la media monetaria europea.
Pero el BCE no puede fijar un tipo para España, otro para Alemania y otro para Francia: tiene una única política monetaria. Por eso la inflación española puede recibir una ayuda del endurecimiento del BCE, pero la institución toma decisiones pensando en el conjunto de la eurozona.
¿Qué debe vigilar ahora una familia española?
Más allá de las previsiones, hay cuatro cosas que merece la pena observar:
- Combustibles: son una de las principales razones del salto de agosto.
- Inflación subyacente: si sigue aproximadamente alrededor del 3% o empieza a bajar, sería una señal de que el shock energético permanece relativamente contenido.
- Petróleo: mientras el Brent siga cerca de 95-100 dólares, existe presión sobre la previsión de inflación.
- Los datos de otoño: septiembre, octubre y noviembre serán fundamentales para saber si el 4,3% fue principalmente un pico energético o el comienzo de una trayectoria más persistente.
Bankinter puede tener razón y agosto seguir siendo preocupante
Las dos cosas no son incompatibles. La inflación puede estar en 4,3% ahora y terminar cerca del 3,3% en diciembre, pero para eso necesitamos una moderación significativa durante los próximos meses. Y el escenario se ha vuelto más difícil porque el petróleo está bastante más alto que cuando Bankinter publicó sus previsiones de julio.
Por eso no conviene tomar el 3,3% como una promesa: es una previsión construida sobre determinados supuestos, el más importante de ellos, la energía.
La verdadera pregunta ya no es cuánto será el IPC de 2026
Es qué parte del shock llegará a 2027. Si el petróleo se modera y la inflación subyacente permanece controlada, el escenario de Bankinter de una inflación alrededor del 2,4% al final de 2027 resulta mucho más creíble. Si la energía continúa cara y empieza a trasladarse de manera persistente a alimentos, transporte, salarios y servicios, ese proceso tardaría bastante más. Ahí está la clave.
El 4,3% de agosto no demuestra que España esté regresando automáticamente a las grandes tasas inflacionistas de hace unos años, pero sí envía una advertencia: la inflación todavía no está derrotada. Bankinter continúa esperando que el problema empiece a perder fuerza. Ahora el petróleo, la inflación subyacente y los próximos datos tendrán que demostrar que esa historia sigue en pie, porque entre un IPC del 4,3% en agosto y uno del 2,4% al final de 2027 hay un camino considerable. Y buena parte de ese camino pasa, una vez más, por el precio de la energía.
Fuentes oficiales consultadas
- Bankinter — Departamento de Análisis y Mercados: «Inflación: Previsión del IPC en España para 2026 y 2027», actualización del 1 de julio de 2026, y análisis del IPC adelantado de agosto, publicado el 28 de agosto de 2026.
- Instituto Nacional de Estadística — indicador adelantado del IPC e IPCA de agosto de 2026.
- Banco de España — proyecciones macroeconómicas de la economía española, junio de 2026.
- Comisión Europea — previsiones económicas para España, mayo de 2026.
- Reuters — evolución reciente del petróleo Brent y riesgos de suministro internacional.
Las previsiones económicas no son resultados garantizados y pueden cambiar cuando aparecen nuevos datos. El IPC de agosto utilizado en este artículo corresponde todavía al indicador adelantado del INE. Este contenido tiene finalidad informativa y educativa.