Actualizado: 4 de septiembre de 2026, antes de la publicación del informe de empleo de agosto de Estados Unidos.
Hace apenas unos días, los mercados empezaban a prepararse para algo que parecía improbable meses atrás: que la Reserva Federal volviera a subir los tipos de interés.
Entonces habló Christopher Waller.
El gobernador de la Fed dijo que empieza a ver señales de que la inflación podría estar enfriándose y que, si los próximos datos confirman esa tendencia, estaría dispuesto a mantener los tipos sin cambios en septiembre.
La reacción fue inmediata. Los bonos respiraron. Las apuestas por una subida de tipos se redujeron. Y el dólar perdió fuerza.
Pero la historia está lejos de terminar.
La Reserva Federal se reúne los días 15 y 16 de septiembre y, por primera vez en bastante tiempo, el mercado llega a una reunión sin una respuesta clara.
La inflación sigue demasiado alta. El petróleo vuelve a presionar los precios. La economía estadounidense mantiene áreas de fortaleza. Pero el mercado laboral está perdiendo velocidad.
Y entre esos dos mundos —inflación persistente y empleo más débil— se juega ahora una parte importante del futuro inmediato del dólar.
La Fed está mucho más dividida de lo que parece
Para entender por qué el dólar está reaccionando con tanta sensibilidad a cada dato hay que volver a la última reunión de la Reserva Federal.
El 29 de julio, el Comité Federal de Mercado Abierto mantuvo el tipo oficial en un rango de 3,50% a 3,75%.
Hasta ahí, nada especialmente extraordinario. Lo importante fue la votación.
La decisión salió adelante por 9 votos contra 3. Beth Hammack, Neel Kashkari y Lorie Logan votaron en contra porque querían una subida inmediata de 25 puntos básicos.
Es una señal considerable. La mayoría decidió esperar. Pero tres miembros ya consideraban que la inflación justificaba volver a endurecer la política monetaria.
Por tanto, septiembre no empieza desde una Fed claramente inclinada hacia una pausa. Empieza desde una institución donde existe un debate real.
Y el dato que puede inclinar la balanza no será una declaración política. Será la inflación.
Kevin Warsh dejó claro cuál es actualmente el problema
En Jackson Hole, el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, puso el foco directamente sobre los precios.
Su mensaje no fue ambiguo. La inflación sigue por encima del objetivo del 2% de la Fed y el banco central necesita estar convencido de que está descendiendo de forma clara y suficientemente rápida antes de poder relajarse.
Los últimos datos explican esa preocupación.
El índice de precios PCE, la medida de inflación que la Fed utiliza como referencia principal, aumentó 3,7% interanual en julio. El PCE subyacente —que excluye alimentos y energía— avanzó 3,3%. Ambas cifras están bastante por encima del objetivo del 2%.
El IPC ofrece una imagen algo menos extrema, pero tampoco completamente tranquila. En julio, la inflación general medida por el IPC fue del 3,4% interanual, mientras que la subyacente se situó en el 2,5%.
Es decir, dependiendo del indicador que observemos, hay signos de moderación en algunas áreas, pero la inflación continúa lo suficientemente elevada como para que la Fed no pueda declarar victoria.
Ésa es la tensión que domina al mercado.
Waller acaba de introducir una duda enorme
El 3 de septiembre, Christopher Waller ofreció una lectura más paciente. Su razonamiento puede resumirse de una manera bastante sencilla: la inflación sigue demasiado alta, pero algunos datos recientes empiezan a sugerir desinflación.
Si esa mejoría continúa durante las próximas dos semanas, Waller se inclina por mantener el tipo oficial en el actual 3,50%-3,75%. Si resulta ser simplemente un espejismo y los datos de agosto vuelven a mostrar presiones fuertes sobre los precios, considera que una subida podría ser apropiada.
Eso cambió inmediatamente las expectativas. Según datos de futuros recogidos por Reuters, la probabilidad implícita de una subida en septiembre cayó aproximadamente desde el 63% hasta el 50% después de sus comentarios.
Prácticamente una moneda al aire.
Y para el mercado de divisas, ese cambio importa muchísimo.
¿Por qué una decisión de la Fed mueve tanto al dólar?
Porque una moneda no se mueve únicamente por cómo está una economía hoy. También se mueve por lo que los inversores creen que ofrecerá esa economía mañana.
Imaginemos dos países. Uno paga tipos de interés del 4%. El otro paga 2%. En igualdad de condiciones, los activos del primer país resultan más atractivos para determinados inversores porque ofrecen un rendimiento superior. Para comprarlos necesitan su moneda. Esa demanda puede fortalecerla.
Por eso, cuando el mercado empieza a pensar que la Fed subirá tipos, los rendimientos de los bonos estadounidenses suelen subir y el dólar puede recibir apoyo.
Pero hay una precisión fundamental: no basta con que la Fed suba los tipos. Importa lo que el mercado esperaba antes de la decisión.
Si todos esperaban una subida y finalmente ocurre, buena parte del movimiento puede estar ya incorporado en el precio. Si la Fed sorprende endureciendo mucho más de lo previsto, el efecto sobre el dólar puede ser mucho mayor.
Los mercados operan expectativas, no solamente acontecimientos.
Y esta semana esas expectativas han cambiado rápido
A comienzos de septiembre, el aumento de los rendimientos de los bonos estadounidenses y la preocupación por la inflación estaban dando apoyo al dólar.
Pero los comentarios de Waller redujeron parte del miedo a una subida inmediata. Los rendimientos retrocedieron. El dólar perdió terreno.
Y el yen japonés, que además está recibiendo apoyo de las expectativas de una posible subida del Banco de Japón, experimentó una fuerte recuperación.
Éste es un buen ejemplo de por qué las divisas nunca deben analizarse de forma aislada.
USD/JPY no depende únicamente de la Fed. También depende del Banco de Japón. EUR/USD no depende únicamente de Estados Unidos. También importa el Banco Central Europeo.
Una divisa siempre es una comparación entre dos economías y dos políticas monetarias.
Hoy llega el empleo, pero quizá no sea el dato decisivo
A la hora de esta actualización, el informe oficial de empleo de agosto todavía no ha sido publicado.
Los economistas consultados por Reuters esperan aproximadamente 56.000 nuevos empleos no agrícolas y una tasa de desempleo alrededor del 4,1%.
Es una cifra relativamente pequeña para los estándares históricos de Estados Unidos. Y viene después de un julio particularmente débil.
En julio, las nóminas no agrícolas disminuyeron en 23.000 empleos. Además, el BLS revisó a la baja mayo y junio en un total combinado de 103.000 puestos de trabajo. La tasa de paro quedó en el 4,1%.
La fotografía resulta curiosa. Estados Unidos no está viendo una explosión del desempleo. Pero tampoco está generando puestos de trabajo al ritmo que acostumbraba. El mercado laboral parece más bien estar enfriándose.
Incluso las cifras históricas han sido revisadas ligeramente a la baja
El 28 de agosto, el Bureau of Labor Statistics publicó su revisión preliminar anual del empleo. El resultado fue una corrección de 79.000 puestos menos para marzo de 2026 respecto a la estimación anterior.
En términos porcentuales es únicamente un 0,1% del empleo total, por lo que no representa una corrección dramática. Pero sí refuerza una idea: la creación de empleo estadounidense ha sido algo más débil de lo que sugerían inicialmente algunas cifras.
En el sector privado, la revisión preliminar fue de 178.000 empleos menos. El dato definitivo no llegará hasta febrero de 2027. Por tanto, conviene no exagerar su significado. Pero tampoco ignorarlo.
Entonces, ¿por qué el empleo quizá no decida la reunión?
Porque el mandato de la Reserva Federal tiene dos partes. Máximo empleo. Estabilidad de precios. Y ahora mismo esas dos partes están enviando señales diferentes.
El empleo se está debilitando. La inflación continúa demasiado alta.
Si el paro estuviera disparándose, la Fed tendría una razón poderosa para no subir tipos. Pero con un desempleo del 4,1% y despidos todavía relativamente contenidos, el banco central dispone de cierto margen para concentrarse en la inflación.
Eso explica por qué Waller ha señalado que los próximos datos de precios podrían ser incluso más importantes que el informe de empleo.
Y hay una fecha clave: 11 de septiembre. Ese día se publica el IPC de agosto. Apenas cinco días antes de la decisión de la Fed. Probablemente será uno de los informes de inflación más observados del año.
El petróleo complica todavía más el panorama
Hay otro protagonista que ha regresado con fuerza. El petróleo.
Las tensiones entre Estados Unidos e Irán han vuelto a elevar los precios energéticos. A comienzos del 4 de septiembre, el Brent se movía alrededor de 95 dólares por barril, después de una fuerte subida semanal.
Para la Reserva Federal esto supone un problema. El banco central no puede producir más petróleo aumentando los tipos. Pero un petróleo más caro afecta al transporte, la logística, los combustibles y potencialmente a las expectativas de inflación.
Si ese shock energético empieza a trasladarse hacia otros precios, la Fed puede sentirse obligada a mantener una postura restrictiva durante más tiempo.
Y ahí vuelve el dólar. Más inflación puede significar tipos más altos. Tipos más altos pueden significar rendimientos estadounidenses más atractivos. Y eso, bajo determinadas condiciones, puede favorecer al dólar.
Tres escenarios para septiembre
Llegados a este punto, intentar decir que el dólar “va a subir” o “va a bajar” sería una simplificación poco seria. Existen al menos tres escenarios bastante diferentes.
Escenario 1: la inflación sigue enfriándose
Si el empleo muestra moderación y el IPC del 11 de septiembre confirma una desaceleración de la inflación, la Fed tendría argumentos para mantener el tipo en 3,50%-3,75%.
En ese escenario, parte de las expectativas de subida que todavía permanecen en el mercado desaparecerían. Eso podría ejercer presión sobre los rendimientos estadounidenses y, en principio, restar apoyo al dólar.
Pero la reacción dependería también de lo que estén haciendo el BCE, el Banco de Japón y otros bancos centrales.
Escenario 2: inflación resistente y economía suficientemente fuerte
Éste sería el escenario más favorable para una subida. Si los precios vuelven a sorprender al alza mientras el empleo continúa suficientemente estable, los miembros de la Fed que ya querían subir tipos en julio ganarían argumentos.
Una subida de 25 puntos básicos llevaría el rango objetivo aproximadamente a 3,75%-4,00%. Si el mercado no la hubiera descontado completamente, podría impulsar al dólar.
Pero de nuevo: no automáticamente. Si el mercado interpretara la subida como el último movimiento antes de una futura desaceleración, la reacción podría ser distinta.
Escenario 3: datos contradictorios
Probablemente sea el escenario más incómodo. Inflación alta. Empleo débil. Petróleo caro. Crecimiento todavía positivo.
Ahí la Fed tendría que decidir qué riesgo considera más peligroso: mantener los tipos demasiado bajos y permitir que la inflación vuelva a acelerarse, o subirlos demasiado y terminar dañando un mercado laboral que ya está perdiendo fuerza.
Para el dólar, ese escenario probablemente implicaría más volatilidad.
Hay algo más grande detrás del movimiento del dólar
El debate de septiembre no consiste simplemente en decidir si el tipo oficial debe subir 25 puntos básicos. Está ocurriendo algo más profundo.
Estados Unidos intenta equilibrar simultáneamente: una inflación todavía por encima del objetivo, un mercado laboral que se enfría, un enorme ciclo de inversión relacionado con inteligencia artificial, precios energéticos elevados, tensiones comerciales, y conflictos geopolíticos que siguen afectando las cadenas de suministro.
No es una economía fácil de leer.
Y Kevin Warsh ha dejado claro que su Fed quiere depender menos de promesas sobre el futuro y más de los datos reales que van llegando.
Eso significa que probablemente veremos mercados más sensibles a cada informe. Y pocas áreas reaccionan tan rápido como las divisas.
Qué debemos vigilar de aquí al 16 de septiembre
No necesitamos adivinar. Necesitamos observar.
Primero, el empleo de agosto. Después, la inflación. Especialmente el IPC del 11 de septiembre. También habrá que seguir los rendimientos de los bonos, el petróleo y las expectativas del mercado sobre la Fed.
Y finalmente llegará el 16 de septiembre, cuando conoceremos la decisión del FOMC y nuevas proyecciones económicas.
Hasta entonces, el dólar probablemente seguirá atrapado entre dos fuerzas. Por un lado: una inflación que todavía justifica cautela y potencialmente tipos más altos. Por otro: un mercado laboral que empieza a pedir prudencia.
El dólar no necesita una subida de tipos para seguir siendo fuerte
Hay un último punto que suele perderse. La Fed podría mantener los tipos sin cambios y el dólar aun así fortalecerse, como refleja el índice DXY.
¿Por qué? Porque las divisas son relativas.
Si la economía estadounidense sigue siendo más fuerte que otras economías, si los rendimientos de sus bonos permanecen elevados, si aumenta la demanda de activos refugio o si otros bancos centrales adoptan políticas más expansivas, el dólar puede subir incluso sin una nueva subida de la Fed.
Y también puede suceder lo contrario. La Fed podría subir los tipos y el dólar caer si el mercado ya lo había descontado o interpreta que la economía se aproxima a una fuerte desaceleración.
Por eso analizar una moneda únicamente con la frase “suben tipos = sube dólar” suele conducir a conclusiones demasiado simples.
Septiembre empieza sin un ganador claro
Ésa es quizá la mejor forma de describir la situación.
Los partidarios de endurecer la política pueden señalar una inflación PCE del 3,7%, un petróleo nuevamente cerca de los 100 dólares y una economía que todavía muestra áreas de fortaleza.
Los partidarios de esperar pueden señalar dos meses con señales de desinflación, una creación de empleo cada vez más débil y la posibilidad de que una nueva subida termine ejerciendo demasiada presión sobre la economía.
Y la propia Reserva Federal está dividida. Por eso el mercado ha pasado en cuestión de días de considerar bastante probable una subida a prácticamente lanzar una moneda al aire.
Para el dólar, los próximos doce días pueden ser mucho más importantes que muchas semanas completas de negociación.
El dato de empleo abrirá la partida. La inflación probablemente decidirá buena parte de ella. Y el 16 de septiembre conoceremos finalmente qué riesgo preocupa más a la Reserva Federal.
¿Que la inflación siga demasiado alta o que los tipos terminen siendo demasiado altos para una economía que empieza a perder velocidad?
La respuesta puede determinar el siguiente gran movimiento del dólar.
Para leer mejor cómo esas expectativas se trasladan al mercado de bonos, consulta también qué es la curva de tipos y por qué importa.
Fuentes oficiales consultadas
- Reserva Federal de Estados Unidos — decisión del FOMC del 29 de julio de 2026, actas de la reunión, calendario del FOMC, discurso del presidente Kevin Warsh en Jackson Hole del 28 de agosto y discurso del gobernador Christopher Waller del 3 de septiembre.
- U.S. Bureau of Labor Statistics — Employment Situation de julio de 2026, Índice de Precios al Consumidor (IPC) de julio de 2026 y revisión preliminar del empleo de marzo de 2026.
- U.S. Bureau of Economic Analysis — Personal Income and Outlays de julio de 2026, incluyendo los índices PCE general y subyacente.
- Reuters — evolución reciente del dólar y los bonos, expectativas sobre la reunión de septiembre, previsiones del informe de empleo de agosto y evolución del petróleo.
Archivo Económico utiliza fuentes oficiales y datos disponibles en el momento de publicación. Los precios de mercado y las probabilidades implícitas cambian continuamente. Este contenido es informativo y educativo y no constituye asesoramiento financiero.