Actualizado: 8 de septiembre de 2026.
Hace menos de un año, volver a ver al dólar cerca de los 17 pesos mexicanos parecía una apuesta agresiva. Hoy es una realidad: el último tipo de cambio FIX disponible del Banco de México, correspondiente al 7 de septiembre, se situó en 16,9237 pesos por dólar. A finales de 2025 estaba alrededor de 18 pesos, lo que significa que el USD/MXN ha caído aproximadamente un 6% desde el comienzo del año.
Pero detrás de ese número hay una historia bastante más interesante que decir simplemente «el peso está fuerte». México mantiene tipos de interés muy superiores a los de Estados Unidos, su inflación general ha bajado considerablemente, la economía sorprendió al alza durante el segundo trimestre, más del 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos, y cada mes siguen entrando miles de millones de dólares en remesas.
Al mismo tiempo, existen riesgos importantes: una posible subida de tipos de la Reserva Federal, el petróleo acercándose nuevamente a 100 dólares, la enorme dependencia comercial mexicana de Estados Unidos, y una inflación subyacente que todavía no permite al Banco de México cantar victoria.
Por eso la pregunta realmente útil no es si seguirá subiendo el peso. Es esta: ¿qué está sosteniendo al peso mexicano en 2026 y qué tendría que cambiar para que el dólar volviera a alejarse de la zona de 17?
Primero: qué significa que USD/MXN esté en 16,92
En el mercado de divisas, USD/MXN expresa cuántos pesos hacen falta para comprar un dólar. Si USD/MXN sube de 17 a 18, el dólar se fortalece y el peso se debilita. Si baja de 18 a 17, el peso se fortalece frente al dólar.
Puede parecer una diferencia pequeña, pero no lo es. Para alguien que recibe 500 dólares de Estados Unidos: con un dólar a 18 pesos recibiría aproximadamente 9.000 pesos; con un dólar a 16,92, recibiría unos 8.460 pesos. Más de 500 pesos de diferencia simplemente por el tipo de cambio.
Por eso un peso fuerte puede ser una buena noticia para importadores o viajeros mexicanos, pero no necesariamente para una familia que recibe sus ingresos en dólares. La misma moneda produce ganadores y perdedores.
El peso comenzó 2026 cerca de 18 por dólar
El cierre de 2025 dejó al tipo de cambio alrededor de 18 pesos por dólar. El 2 de enero, la referencia de Banco de México ya rondaba 17,88. Durante enero el peso siguió avanzando y llegó a moverse alrededor de 17,23 a finales de mes. Después volvió la volatilidad: en marzo, el dólar llegó nuevamente hacia la zona de 17,9 pesos. Desde entonces hemos visto movimientos en ambas direcciones, pero a comienzos de septiembre el peso vuelve a encontrarse muy cerca de 17.
Esto nos dice algo importante: no estamos observando una línea recta. El peso mexicano sigue siendo una moneda muy líquida y sensible a la política monetaria, los datos estadounidenses, el comercio, la geopolítica y el apetito global por riesgo. Y precisamente por esa liquidez puede moverse rápidamente cuando cambia la percepción del mercado.
Primera razón: México todavía paga mucho más interés que Estados Unidos
Esta es probablemente una de las variables más importantes. Banco de México mantiene actualmente su tasa de referencia en 6,50%, mientras que la Reserva Federal mantiene el rango de los fondos federales entre 3,50% y 3,75%. Existe por tanto una diferencia de aproximadamente 2,75 a 3 puntos porcentuales a favor de México.
| Banco central | Tasa de referencia |
|---|---|
| Banco de México (Banxico) | 6,50% |
| Reserva Federal (Fed) | 3,50% – 3,75% |
Esto no significa que cualquier persona pueda embolsarse automáticamente esa diferencia: existen riesgos cambiarios, costes de cobertura, vencimientos diferentes y muchas otras variables. Pero para los mercados internacionales sí importa. Un inversor puede encontrar activos en pesos que ofrecen rendimientos superiores a activos similares denominados en dólares, y si además espera que el peso permanezca relativamente estable, el atractivo aumenta.
Ahí aparece la conocida lógica del carry trade: financiarse en una moneda con menor rendimiento y mantener activos en una moneda que paga más. México lleva años beneficiándose, en distintos grados, de esa característica.
Pero el colchón de tasas se ha reducido
Aquí aparece una diferencia importante respecto al famoso «superpeso» de años anteriores. México ya no tiene una tasa del 11%: Banco de México fue reduciendo los tipos hasta llegar al actual 6,50%, mientras la Fed mantiene los suyos relativamente elevados. Por tanto, la enorme ventaja de rendimiento que México llegó a ofrecer se ha estrechado, y eso significa que el peso necesita más cosas a su favor para seguir funcionando. No basta con decir que Banxico tiene tipos altos: hay que mirar la diferencia frente a Estados Unidos, que es la comparación que realmente importa.
Banxico decidió parar
El 6 de agosto, la Junta de Gobierno del Banco de México decidió por unanimidad mantener la tasa en 6,50%. Fue la segunda reunión consecutiva sin cambios, y eso envió un mensaje bastante claro: Banxico considera que ha llegado a un nivel donde necesita observar la inflación antes de seguir recortando. La próxima decisión está programada para el 24 de septiembre.
Pero hay un problema que explica la cautela: la inflación general ha mejorado mucho, la subyacente no tanto.
La inflación mexicana parece controlada… hasta que miramos debajo
En julio de 2026, la inflación general de México fue del 3,12% interanual, muy cerca del objetivo permanente de Banxico del 3%. A primera vista parece una victoria. Pero el componente subyacente fue del 3,95%, y los servicios subieron 4,36%.
Ahí está el problema. La inflación subyacente elimina algunos de los componentes más volátiles y permite observar mejor las presiones persistentes de precios, y esa inflación sigue rozando el 4%. En la primera quincena de agosto, la inflación general volvió a subir ligeramente hasta el 3,26%. El dato completo de agosto se publicará el 9 de septiembre, así que todavía no debemos hablar como si conociéramos esa cifra.
Ese dato será muy importante para el peso: si confirma que la inflación sigue relativamente controlada, Banxico tendrá más libertad a medio plazo; si vuelve a acelerarse —especialmente la subyacente— la institución probablemente tendrá que mantener una postura más restrictiva.
Aquí aparece una paradoja para el peso
Normalmente uno podría pensar que una inflación alta es mala para una moneda, y a largo plazo una inflación persistentemente elevada efectivamente erosiona su poder adquisitivo. Pero en el corto plazo puede ocurrir algo aparentemente contradictorio: si la inflación obliga al banco central a mantener tipos elevados durante más tiempo, el diferencial de tasas puede seguir apoyando a la moneda.
Por eso los operadores no miran solamente si subió la inflación. Miran qué va a hacer Banxico como consecuencia. El mercado de divisas vive de expectativas.
Segunda razón: México continúa profundamente conectado con Estados Unidos
Hay otra fuerza estructural detrás del peso. México y Estados Unidos no son simplemente vecinos: sus economías están extraordinariamente integradas. Los datos de la Secretaría de Economía muestran que aproximadamente el 83% de las exportaciones mexicanas en 2026 tienen como destino Estados Unidos.
En junio, México exportó a Estados Unidos aproximadamente 60.100 millones de dólares e importó alrededor de 23.400 millones, dejando un enorme superávit bilateral mexicano durante ese mes. Automóviles, autopartes, equipos electrónicos, maquinaria, dispositivos médicos y productos agrícolas: México está integrado dentro de las cadenas industriales norteamericanas. Cuando las empresas estadounidenses compran productos mexicanos, esa relación genera flujos de dólares hacia México. Eso no garantiza automáticamente un peso fuerte, pero crea una fuente estructural de divisas.
El problema: la misma fortaleza también es una vulnerabilidad
Si el 83% de tus exportaciones va hacia un solo país, tienes una relación extraordinariamente valiosa y una dependencia extraordinariamente grande. Estados Unidos puede ser el mayor motor externo de México, pero también puede convertirse en su principal riesgo. Una recesión estadounidense podría reducir la demanda de productos mexicanos, una guerra comercial puede afectar industrias enteras, cambios en las reglas del T-MEC pueden alterar decisiones de inversión, y aranceles sobre automóviles, acero, electrónica u otros bienes tendrían consecuencias directas. Por eso el peso reacciona tan rápidamente ante titulares procedentes de Washington: no es solamente política, es economía.
Nearshoring: ¿sigue siendo parte de la historia?
Durante los últimos años se habló muchísimo del nearshoring. La lógica es sencilla: empresas que fabricaban lejos de Estados Unidos comenzaron a considerar México por proximidad, el T-MEC, costes logísticos, integración industrial, mano de obra y acceso al mercado estadounidense. Esto favoreció expectativas de inversión extranjera y de mayores flujos de capital.
Pero debemos evitar convertir el nearshoring en una palabra mágica. Una fábrica tarda años en planificarse, conseguir energía, obtener permisos, construirse, contratar trabajadores y empezar a producir. Además existen cuellos de botella importantes en México: electricidad, agua, infraestructura, seguridad y certeza regulatoria. Por tanto, el nearshoring puede ser una fuerza estructural positiva, pero no explica por sí solo por qué el peso se mueve un martes por la mañana.
Tercera razón: las remesas siguen enviando dólares a México
En julio de 2026, México recibió aproximadamente 5.571 millones de dólares en remesas. Es una cantidad enorme: millones de hogares mexicanos dependen en algún grado del dinero enviado principalmente desde Estados Unidos. Desde el punto de vista cambiario, esas remesas representan también una entrada constante de dólares al país.
Pero aquí regresamos a la paradoja inicial: cuando el peso se fortalece, los mismos 500 dólares compran menos pesos. Por eso una moneda más fuerte no siempre se siente como una victoria para quien recibe remesas. Alguien puede escuchar que «el peso subió» y al mismo tiempo descubrir que recibe menos dinero en moneda local. Las dos cosas son verdad.
Cuarta razón: la economía mexicana sorprendió en el segundo trimestre
Los datos económicos también han ayudado. El PIB real de México creció 1,4% respecto al trimestre anterior durante el segundo trimestre de 2026, y frente al mismo trimestre del año anterior aumentó 1,9%. Las actividades secundarias crecieron 1,6% trimestral y las terciarias, 1,4%.
No estamos hablando de una economía creciendo al 5%, pero sí fue una mejora importante frente a la debilidad observada anteriormente. Una economía que evita una fuerte recesión proporciona más confianza a los inversores, y eso importa para el peso.
Pero tampoco deberíamos enamorarnos de un solo trimestre
Aquí tenemos que mantener la misma disciplina que aplicamos cuando analizamos una empresa: un dato bueno no crea una tendencia automáticamente. México todavía enfrenta un crecimiento potencial relativamente bajo, menor inversión pública en determinadas áreas, restricciones de infraestructura, incertidumbre comercial, riesgos fiscales y una enorme dependencia del ciclo estadounidense. Por eso el PIB del segundo trimestre es una señal positiva, no una garantía.
Y ahora llega la Fed
Probablemente la mayor amenaza inmediata para la fortaleza del peso no esté en Ciudad de México. Está en Washington. La Reserva Federal se reúne los días 15 y 16 de septiembre. Actualmente mantiene los tipos entre 3,50% y 3,75%, pero el fuerte dato de empleo estadounidense de agosto ha vuelto a elevar las probabilidades de una subida. El mercado está ahora especialmente pendiente del próximo dato de inflación de Estados Unidos.
¿Por qué importa tanto para USD/MXN? Porque si la Fed sube tipos mientras Banxico permanece en 6,50%, la diferencia de tasas entre ambos países se reduce. Eso puede disminuir parte del atractivo relativo del peso. No significa que USD/MXN vaya automáticamente a subir, pero cambia una de las piezas fundamentales que han apoyado a la moneda mexicana.
Pensemos en el diferencial
Hoy: Banxico está en 6,50% y la Fed en 3,50%-4,00%. Supongamos que la Fed sube 25 puntos básicos y pasa a 3,75%-4,00%: el diferencial mexicano se reduciría nuevamente. Supongamos además que meses después Banxico decide recortar: la diferencia podría estrecharse todavía más. En algún punto, determinados inversores podrían decidir que el rendimiento extra ya no compensa suficientemente el riesgo cambiario. Eso es exactamente lo que hay que vigilar.
El petróleo añade otra capa
El 8 de septiembre, el Brent se acercaba nuevamente a 100 dólares por barril ante el aumento de las tensiones en Oriente Próximo. México es productor de petróleo, lo cual distingue al país de economías completamente dependientes de importaciones energéticas. Pero un petróleo alto tampoco es simplemente positivo: puede incrementar costes de transporte, presionar la inflación, afectar los combustibles, alterar las finanzas públicas y complicar las decisiones de política monetaria.
Además, un shock petrolero global puede elevar la inflación estadounidense y obligar a la Fed a ser más agresiva. Por tanto, incluso algo aparentemente favorable para un país productor puede terminar afectando al peso por múltiples vías.
¿Qué tendría que ocurrir para que el peso se fortalezca más?
Podemos construir un escenario sin pretender predecir el futuro. El peso tendría más apoyo si se combinan: inflación mexicana relativamente controlada, Banxico manteniendo tipos altos, una Fed menos agresiva, crecimiento estadounidense todavía sólido, comercio México-Estados Unidos resistente, flujos de inversión hacia México y mercados mundiales con apetito por riesgo.
En ese contexto, el área de 17 pesos podría seguir bajo presión, e incluso podríamos volver a discutir niveles inferiores. Pero decir ahora que «el dólar va a 16» sería especulación: no tenemos datos suficientes para afirmarlo.
¿Y qué podría llevar al dólar nuevamente hacia 18?
También hay un escenario bastante claro: una Fed más agresiva, inflación estadounidense elevada, reducción acelerada de tipos en México, mayor tensión comercial con Washington, problemas alrededor del T-MEC, recesión estadounidense, salida global de activos de riesgo, deterioro fiscal mexicano, o una crisis geopolítica suficientemente grave.
Las monedas emergentes pueden fortalecerse durante meses y perder buena parte de ese avance en días cuando aumenta el miedo global y el dólar se fortalece en conjunto, como refleja el índice DXY. El peso mexicano no es inmune.
Un peso fuerte no significa automáticamente una economía fuerte
Este es otro error que conviene evitar. El tipo de cambio es un precio financiero, no una calificación completa de un país. México puede tener peso fuerte y crecimiento débil; también podría tener peso débil y exportaciones creciendo. El valor de la moneda refleja tasas, flujos de capital, comercio, expectativas, riesgo y liquidez. La calidad de vida depende de muchas otras cosas: salarios, productividad, empleo, inflación, servicios públicos, inversión. Por eso utilizar USD/MXN como marcador de quién «gana» políticamente suele conducir a análisis muy pobres.
Tampoco existe un tipo de cambio perfecto
Un peso extremadamente fuerte puede ayudar a importadores, viajeros, empresas que compran maquinaria extranjera y a controlar parte de la inflación importada. Pero puede perjudicar a exportadores, al turismo, a los receptores de remesas y a las empresas que obtienen ingresos en dólares. Un peso débil produce muchos de los efectos contrarios.
Por tanto, el objetivo de una economía no debería ser simplemente tener la moneda «más fuerte posible». Lo importante es que exista estabilidad, inflación controlada, productividad, confianza y capacidad de crecimiento.
Entonces, ¿por qué el peso sigue cerca de 17?
Si tenemos que resumirlo, hay cuatro pilares: primero, México todavía ofrece un diferencial de tasas considerable frente a Estados Unidos; segundo, existe una enorme entrada estructural de dólares por comercio con Estados Unidos; tercero, las remesas aportan miles de millones adicionales cada mes; y cuarto, los últimos datos económicos han mostrado más resistencia de la esperada. A eso se añade un dólar global que no ha conseguido recuperar toda la fuerza perdida durante etapas anteriores.
Pero ninguna de estas fuerzas está garantizada, y septiembre puede ser importante.
Las tres fechas que tenemos que vigilar ahora
| Fecha | Evento |
|---|---|
| 9 de septiembre | INEGI publica la inflación completa de agosto de México |
| 15-16 de septiembre | Decisión de tipos de la Reserva Federal |
| 24 de septiembre | Decisión de tipos del Banco de México |
En apenas dos semanas conoceremos mucho más sobre las dos fuerzas monetarias que dominan USD/MXN: la Fed y Banxico.
La pregunta ya no es si el peso puede llegar a 17
Ya llegó: el último FIX disponible está alrededor de 16,92 pesos por dólar. La pregunta ahora es si existen fundamentos suficientes para mantener ese nivel cuando la Fed considera su siguiente movimiento, Banxico estudia cuánto tiempo puede mantener el 6,50%, el petróleo vuelve hacia 100 dólares, y Norteamérica atraviesa nuevas tensiones comerciales.
Por eso conviene olvidarse por un momento de etiquetas como «superpeso». El peso no tiene superpoderes: tiene tasas, tiene comercio, tiene remesas, tiene flujos de capital, tiene riesgos. Y el precio que vemos todos los días es simplemente el resultado de todas esas fuerzas compitiendo al mismo tiempo. Hoy el equilibrio está cerca de 17. Mañana dependerá de qué fuerza termine siendo más poderosa.
Fuentes consultadas
- Banco de México — Sistema de Información Económica, tipos de cambio FIX, tasa objetivo, decisión y minutas de política monetaria de agosto de 2026 y estadísticas de remesas.
- INEGI — Índice Nacional de Precios al Consumidor, Producto Interno Bruto trimestral y balanza comercial de mercancías.
- Secretaría de Economía / Data México — comercio bilateral México-Estados Unidos.
- Reserva Federal de Estados Unidos — decisión del FOMC de julio de 2026 y calendario de reuniones.
- Reuters — condiciones recientes de los mercados internacionales, expectativas sobre la Reserva Federal y evolución del petróleo.
Los tipos de cambio fluctúan continuamente. El FIX citado es una referencia oficial de Banco de México y no necesariamente coincide con el precio en tiempo real, ni con el precio de compra o venta ofrecido por bancos y casas de cambio. Este contenido es informativo y educativo. No constituye asesoramiento financiero ni una recomendación para operar divisas.