Actualizado: 4 de septiembre de 2026.
Cada pocos meses vuelve el mismo titular.
«Los BRICS están acabando con el dólar.» «Los bancos centrales abandonan la moneda estadounidense.» «El oro está sustituyendo al dólar.» «China prepara el fin de la hegemonía monetaria de Estados Unidos.»
Y entonces aparece el argumento contrario: «Eso es imposible. El dólar sigue dominándolo todo.»
El problema es que las dos versiones simplifican demasiado lo que realmente está ocurriendo.
Sí: el peso del dólar dentro de las reservas de los bancos centrales ha disminuido significativamente durante las últimas dos décadas. Pero al mismo tiempo, el dólar participa hoy en casi nueve de cada diez operaciones del gigantesco mercado mundial de divisas.
La deuda internacional denominada en dólares continúa creciendo. El dinero extranjero sigue entrando en los mercados estadounidenses. Y el yuan chino, pese al enorme peso económico de China, representa todavía alrededor del 2% de las reservas mundiales de divisas.
Así que la pregunta correcta no es simplemente: ¿está muriendo el dólar?
La pregunta mucho más interesante es: ¿está el mundo dejando de utilizar el dólar o simplemente está empezando a depender un poco menos de él en determinadas áreas?
Los datos permiten distinguir ambas cosas. Y la respuesta tiene muchos más matices de lo que sugieren los titulares.
Empecemos por el dato que alimenta la narrativa de la desdolarización
En 2001, aproximadamente el 72% de las reservas oficiales de divisas declaradas mundialmente estaban denominadas en dólares. Hoy esa proporción es bastante menor.
Según los últimos datos COFER publicados por el Fondo Monetario Internacional, correspondientes al primer trimestre de 2026, el dólar representa 57,13% de las reservas mundiales de divisas. El euro ocupa aproximadamente 20,03%. El renminbi chino, 1,99%. Y el yen japonés, 5,44%.
Por tanto, hay algo que debemos reconocer desde el principio: sí ha existido una reducción estructural del peso del dólar en las reservas internacionales. Pasar de alrededor del 72% a poco más del 57% no es irrelevante.
Pero tampoco significa que el resto de ese porcentaje haya pasado a China. Ésa es una de las diferencias fundamentales.
El dólar ha perdido cuota, pero no ha aparecido un sustituto
Si el dólar estuviera siendo reemplazado por otra moneda dominante, esperaríamos encontrar algo parecido a esto: dólar baja, yuan sube enormemente. O: dólar baja, euro ocupa su lugar.
Pero no es lo que muestran los números. El euro sigue alrededor del 20%. El renminbi, cerca del 2%.
Lo que ha ocurrido durante muchos años es una diversificación hacia múltiples monedas más pequeñas, además de un mayor interés por el oro: dólar canadiense, dólar australiano, franco suizo, otras monedas. El FMI agrupa actualmente más del 6% de las reservas dentro de la categoría «otras monedas».
Eso es muy distinto de una transición desde un sistema dominado por el dólar hacia otro dominado por el yuan. La mejor palabra, por ahora, probablemente no sea «sustitución». Es: diversificación.
Y en 2026 la cuota del dólar incluso ha vuelto a subir
Hay otra ironía. En el cuarto trimestre de 2025, el dólar representaba aproximadamente el 56,42% de las reservas mundiales de divisas. En el primer trimestre de 2026 subió al 57,13%.
¿Significa eso que los bancos centrales volvieron corriendo al dólar? No necesariamente.
El propio FMI advierte que aproximadamente la mitad de ese aumento se explica por efectos de valoración derivados del tipo de cambio. Esto es crucial: las reservas se expresan normalmente en dólares para poder compararlas. Si el dólar se fortalece frente al euro, el yen o cualquier otra moneda, el valor medido en dólares de esas otras reservas disminuye. Entonces la cuota del dólar puede aumentar incluso aunque un banco central no haya comprado un solo Treasury adicional. Y funciona también al contrario.
Por eso observar simplemente un gráfico de porcentajes sin analizar los efectos de valoración puede conducir a conclusiones incorrectas.
El oro sí está viviendo un renacimiento
Aquí la historia de la diversificación se vuelve mucho más interesante. Los bancos centrales llevan varios años comprando grandes cantidades de oro.
Según el Banco Central Europeo, las compras oficiales superaron las 1.000 toneladas anuales entre 2022 y 2024. En 2025 disminuyeron, pero todavía se situaron alrededor de 850 toneladas. Continúan siendo niveles históricamente elevados.
China ha adquirido más de 350 toneladas desde la invasión rusa de Ucrania en 2022. Polonia, alrededor de 320 toneladas. Turquía, unas 220. India, aproximadamente 130.
Los motivos son varios: diversificación, protección frente a riesgos geopolíticos, ausencia de riesgo de contraparte, y la posibilidad de mantener un activo que no depende directamente de las decisiones de otro gobierno. Aquí sí existe una tendencia que merece atención.
¿El oro ya ha superado a los bonos del Tesoro?
Probablemente hayas visto titulares afirmándolo. Y técnicamente existe un dato que permite decirlo.
El BCE calcula que, a precios de mercado de finales de 2025, el oro representaba aproximadamente el 27% de las reservas oficiales totales de los países incluidos en su análisis. Los Treasuries estadounidenses representaban alrededor del 22%.
Eso parece espectacular. Pero hay una trampa estadística enorme.
El precio del oro había aumentado aproximadamente un 60% durante 2025, después de subir alrededor de un 30% en 2024. Los bancos centrales no tuvieron que comprar todo ese oro adicional para que su peso dentro de las reservas aumentara. El oro que ya tenían simplemente valía muchísimo más.
El propio BCE hizo el ejercicio de corregir ese efecto. Utilizando el precio del oro de finales de 2023: el oro representaría aproximadamente el 16% de las reservas. Y los Treasuries: alrededor del 26%. La diferencia es enorme.
Por tanto: sí existe una tendencia hacia más oro, pero el espectacular aumento de su cuota se explica en gran medida por el precio. Éste es exactamente el tipo de detalle que suele desaparecer cuando el dato termina convertido en un titular viral.
Ahora salgamos de los bancos centrales
Aquí es donde cambia completamente la historia. Una moneda global no domina únicamente porque los bancos centrales la acumulen. También importa: qué moneda utilizan los bancos, en qué moneda se emiten bonos, qué moneda utilizan las empresas para financiarse, en qué moneda se realizan las operaciones de Forex, qué activos buscan los inversores durante una crisis, y qué moneda se utiliza para fijar precios y liquidar operaciones internacionales.
Cuando miramos estas áreas, el supuesto colapso del dólar resulta mucho más difícil de encontrar.
Casi nueve de cada diez operaciones de Forex incluyen dólares
El Banco de Pagos Internacionales realiza cada tres años el estudio más importante del mercado mundial de divisas. En abril de 2025, el mercado Forex movió aproximadamente 9,6 billones de dólares diarios. Sí, diarios.
En ese mercado, el dólar estuvo presente en el 89,2% de todas las operaciones. En 2022 era 88,4%.
Es decir: mientras se hablaba cada vez más de «desdolarización», la participación del dólar en el mercado mundial de divisas aumentó ligeramente.
El euro apareció en aproximadamente el 28,9% de las operaciones. El yen en 16,8%. El renminbi chino alcanzó alrededor del 8,5%.
Aquí hay una peculiaridad estadística: los porcentajes suman 200%, no 100%, porque cada operación de divisas implica dos monedas. Si alguien compra EUR/USD, participan simultáneamente el euro y el dólar.
Pero el mensaje es clarísimo. Prácticamente todo el mercado mundial continúa utilizando el dólar directa o indirectamente.
China sí está avanzando, pero desde mucho más abajo
Eso no significa que el yuan no esté creciendo. Al contrario. El avance del renminbi en los mercados internacionales es real.
En el estudio de 2025 del BIS, su participación en las operaciones de Forex llegó aproximadamente al 8,5%, frente a alrededor del 7% en 2022. Se consolidó como una de las cinco monedas más negociadas del mundo. Y el par dólar-yuan llegó a superar al dólar-libra en volumen, convirtiéndose en uno de los pares más importantes del planeta.
China también está expandiendo CIPS, su sistema de pagos transfronterizos. Está desarrollando el yuan digital. Promueve liquidaciones comerciales en moneda local. Y en febrero de 2026, Xi Jinping hizo una de sus declaraciones más claras hasta la fecha defendiendo una mayor función internacional del renminbi.
No debemos ignorar estos movimientos. Pero tampoco debemos confundir crecimiento con dominio.
El yuan representa aproximadamente el 8,5% del volumen de Forex. Pero solamente alrededor del 2% de las reservas internacionales oficiales de divisas. Existe una distancia enorme entre ambas cifras.
¿Por qué China no puede sustituir fácilmente al dólar?
Porque convertirse en moneda de reserva mundial requiere mucho más que tener una economía gigantesca. Los bancos centrales e inversores internacionales necesitan encontrar cantidades enormes de activos: seguros, líquidos, fáciles de comprar y vender, con mercados profundos, y con libertad para mover capital dentro y fuera del país.
Estados Unidos ofrece precisamente eso a través del mercado del Treasury. China mantiene controles de capital mucho más importantes. Su sistema financiero no está tan abierto. Sus mercados no tienen todavía la misma profundidad. Y existe mayor incertidumbre institucional para determinados inversores internacionales.
Eso crea una paradoja. China quiere aumentar el papel global del yuan. Pero permitir que el yuan compita realmente con el dólar exigiría probablemente una apertura financiera mucho mayor. Y esa apertura reduciría parte del control que Pekín mantiene actualmente sobre su sistema financiero. No es un problema fácil de resolver.
El euro es una amenaza más creíble, pero también tiene limitaciones
El euro está mucho más cerca. Representa alrededor del 20% de las reservas internacionales. Es la segunda moneda mundial. Tiene instituciones fuertes, un enorme mercado económico y libertad de capitales.
En 2025 incluso consiguió convertirse en la principal moneda mundial para determinadas emisiones de bonos verdes y sostenibles. Además, la emisión internacional de deuda denominada en euros creció alrededor de un 30% durante 2025 y superó los 1,1 billones de dólares. El BCE calcula que el papel internacional general del euro volvió a crecer moderadamente.
Pero Europa tiene otro problema. No existe un equivalente perfecto al mercado del Treasury estadounidense. Tenemos bonos alemanes, franceses, italianos, españoles, y deuda conjunta europea en determinados programas. Pero no existe todavía un único mercado gigantesco de deuda soberana europea con la misma profundidad y liquidez que el Treasury estadounidense.
Por eso el propio BCE lleva años defendiendo una mayor integración de los mercados de capitales europeos. Si Europa quiere que el euro compita seriamente con el dólar, ésta es una de las piezas fundamentales.
La deuda mundial continúa hablando en dólares
Hay otro dato difícil de reconciliar con la idea de un abandono acelerado del dólar. El BIS calcula que, al cierre del primer trimestre de 2026, el crédito en dólares concedido a prestatarios no bancarios fuera de Estados Unidos alcanzaba aproximadamente 14,7 billones de dólares. Y estaba creciendo aproximadamente 7,3% interanual.
El crédito equivalente denominado en euros fuera de la eurozona alcanzaba aproximadamente 5,1 billones de euros. También está creciendo rápidamente —de hecho, un 12% interanual— y su peso relativo está aumentando. Pero la cantidad absoluta de deuda en dólares sigue siendo extraordinariamente mayor.
Esto importa muchísimo. Porque cuando una empresa brasileña, asiática o europea se endeuda en dólares, necesita dólares para pagar intereses y devolver el principal. Eso genera una demanda estructural de la moneda. Y cuando aparece una crisis financiera, esa necesidad puede aumentar. Ésa es una de las razones por las que el dólar suele fortalecerse precisamente cuando el sistema financiero mundial entra en dificultades.
La paradoja de la desdolarización
Aquí aparece quizás la parte más interesante. Un país puede querer reducir su dependencia del dólar. Puede vender Treasuries. Puede comprar oro. Puede comerciar con otro país utilizando sus monedas locales.
Y aun así sus empresas pueden seguir necesitando dólares para financiarse, comprar materias primas, cubrir riesgos, operar internacionalmente, o pagar deuda.
Por eso la desdolarización no funciona como un interruptor. No existe un día en el que un país «deja de usar dólares». Hay muchas capas distintas: reservas, comercio, financiación, pagos, deuda, Forex, ahorro privado. Y cada una puede evolucionar en una dirección diferente.
China sí ha reducido sus Treasuries
Aquí encontramos otra tendencia que merece ser tratada con seriedad. Según los últimos datos mensuales del Tesoro estadounidense, China continental mantenía aproximadamente 633.400 millones de dólares en Treasuries en junio de 2026. Un año antes tenía alrededor de 731.400 millones. Y hace muchos años llegó a superar ampliamente el billón de dólares.
Por tanto, China sí ha reducido su exposición directa registrada a deuda pública estadounidense. No debemos negar esa tendencia.
Pero tampoco debemos convertirla automáticamente en «el mundo está vendiendo Treasuries». Porque al mismo tiempo Japón mantenía aproximadamente 1,117 billones de dólares. Reino Unido: 939.900 millones. Y durante junio de 2026 los inversores extranjeros en conjunto realizaron compras netas de 207.100 millones de dólares en valores estadounidenses de largo plazo. De ellos, aproximadamente 37.300 millones correspondieron a instituciones oficiales extranjeras. Además, el flujo TIC total del mes mostró una entrada neta de capital extranjero de unos 133.500 millones de dólares.
En otras palabras: China está diversificando. Pero eso no equivale a una huida global de los activos estadounidenses.
Y hay que tener cuidado incluso con los datos de China
El propio Tesoro de Estados Unidos advierte sobre esto. Los datos se construyen en gran medida a partir de la localización del custodio. Imagine que una institución china compra Treasuries pero los mantiene a través de una institución financiera situada en Bélgica o Luxemburgo. La estadística puede no atribuir perfectamente el propietario final.
Eso significa que las cifras por países son extremadamente útiles para observar tendencias, pero no deben interpretarse como una contabilidad perfecta del beneficiario último. Otro buen ejemplo de por qué este debate necesita más cuidado del que permiten algunos titulares.
Las sanciones cambiaron el cálculo de muchos bancos centrales
La invasión rusa de Ucrania en 2022 produjo un acontecimiento histórico. Estados Unidos, Europa y sus aliados congelaron una parte importante de las reservas internacionales del Banco Central de Rusia.
Para muchos países eso creó una pregunta nueva: si mis reservas están denominadas en activos controlados por otra jurisdicción, ¿puedo estar seguro de acceder siempre a ellas? Es difícil imaginar que esa pregunta no haya influido en las decisiones de algunos bancos centrales.
El incremento del oro desde 2022 probablemente refleja, al menos parcialmente, esa preocupación. Países expuestos a conflictos geopolíticos tienen un incentivo mayor para poseer un activo que puede mantenerse físicamente dentro de sus propias fronteras. Eso sí representa un desafío estratégico para Estados Unidos.
Pero la evidencia disponible tampoco muestra que las sanciones de 2022 provocaran un desplome posterior de la cuota del dólar. La Reserva Federal señala que ésta se ha mantenido aproximadamente estable alrededor del 57%-58% en los últimos años.
El verdadero enemigo del dólar quizá no sea el yuan
Podría ser la fragmentación. Éste es un escenario bastante diferente.
En lugar de dólar → yuan, podríamos terminar con dólar, euro, yuan, oro, monedas regionales, sistemas de pagos alternativos, stablecoins, y acuerdos bilaterales. El sistema internacional podría volverse más multipolar sin que ninguna moneda consiga desplazar completamente al dólar.
De hecho, eso es bastante compatible con lo que estamos observando actualmente. El dólar pierde parte de su cuota en determinadas reservas. El euro mantiene alrededor de una quinta parte. El yuan gana utilización comercial y financiera. El oro aumenta su presencia. Otros países desarrollan sistemas de pago propios. Pero el dólar sigue siendo la moneda central que conecta gran parte de esas redes.
Y las stablecoins introducen una paradoja enorme
Cuando nació el ecosistema cripto, muchos pensaron que acabaría debilitando el sistema monetario tradicional. Pero una parte importante del sector está produciendo exactamente el efecto contrario.
Las principales stablecoins están denominadas fundamentalmente en dólares. Eso significa que una persona puede vivir en un país donde acceder a una cuenta bancaria estadounidense sería complicado y, sin embargo, mantener digitalmente un activo vinculado al dólar utilizando una blockchain.
Para la Reserva Federal, ésta es una de las nuevas cuestiones más importantes sobre el futuro internacional de su moneda. Las stablecoins podrían terminar extendiendo el acceso global al dólar mediante una infraestructura completamente nueva. En otras palabras: la tecnología que parecía destinada a competir con el dinero tradicional podría convertirse parcialmente en una nueva vía de distribución global del dólar.
Entonces, ¿está perdiendo Estados Unidos poder monetario?
En términos relativos: sí, en algunos aspectos. La cuota del dólar en reservas internacionales es considerablemente menor que hace veinte años. Los bancos centrales compran más oro. China desarrolla alternativas. El euro está ganando terreno en determinados mercados. El crédito internacional en euros está creciendo más rápidamente que el denominado en dólares. Y existe una búsqueda real de alternativas a la infraestructura financiera occidental en algunos países. Negarlo sería un error.
Pero decir que estamos presenciando «el fin del dólar» sería todavía más difícil de defender con los datos. Porque simultáneamente: el dólar representa alrededor del 57% de las reservas de divisas; participa en 89,2% de las operaciones mundiales de Forex; existen aproximadamente 14,7 billones de dólares de crédito en dólares a prestatarios no bancarios fuera de Estados Unidos; es la principal moneda de financiación internacional; el mercado de Treasuries sigue proporcionando una profundidad y liquidez que ningún competidor ha replicado completamente; y el renminbi representa todavía solamente alrededor del 2% de las reservas oficiales mundiales de divisas.
Eso no describe una moneda a punto de desaparecer. Describe una moneda dominante sometida a una diversificación gradual.
Qué tendría que ocurrir para que el dólar perdiera realmente su posición
No bastaría con que China y Brasil realizaran parte de su comercio en monedas locales. No bastaría con que varios países compraran oro. No bastaría con que China vendiera otros 100.000 millones de Treasuries.
Para que se produjera un verdadero cambio de régimen monetario mundial tendría que aparecer una alternativa capaz de cumplir simultáneamente varias funciones: una economía enorme, mercados financieros abiertos, activos seguros en cantidades gigantescas, liquidez, estado de derecho, libre movimiento de capital, confianza internacional, capacidad de absorber billones de dólares de ahorro mundial, una red bancaria global, mercados de derivados, infraestructura de pagos, y la disposición política para aceptar los costes que implica emitir la principal moneda mundial.
Actualmente ninguna alternativa reúne todas esas características al mismo nivel que Estados Unidos.
Pero el dominio tampoco está garantizado para siempre
Aquí tampoco conviene caer en el extremo contrario. Las monedas dominantes cambian. La libra esterlina dominó una época. Después llegó el dólar. Nada obliga a que permanezca en esa posición eternamente.
Errores fiscales persistentes, inflación, pérdida de confianza institucional, fragmentación financiera, uso excesivo de sanciones, restricciones al movimiento internacional de capital, o el desarrollo de mercados alternativos suficientemente grandes y líquidos podrían erosionar gradualmente su ventaja.
La propia fortaleza del dólar —la que refleja a diario el índice DXY— depende, en último término, de algo muy sencillo y muy difícil de fabricar: confianza. Confianza en que un Treasury podrá venderse mañana. Confianza en que un contrato será respetado. Confianza en que los mercados permanecerán abiertos. Confianza en que el dólar conservará razonablemente su valor. Confianza en que otros participantes también querrán utilizarlo.
Ese último elemento crea un enorme efecto de red. Utilizamos dólares porque muchos otros utilizan dólares. Y cuanto más se utiliza una moneda, más conveniente resulta seguir utilizándola. Romper ese círculo requiere mucho más que una declaración política.
La conclusión que dejan los datos
¿Está el mundo desdolarizándose? En determinadas áreas, sí. Los bancos centrales están diversificando gradualmente sus reservas. El oro tiene una importancia mucho mayor. China reduce parte de sus Treasuries y construye infraestructura financiera alternativa. El euro amplía su utilización en determinadas áreas. El renminbi continúa internacionalizándose.
Pero ¿está el dólar siendo reemplazado como moneda dominante del sistema financiero mundial? Los datos actuales dicen: no. O, al menos, no todavía.
El dólar está perdiendo parte de una hegemonía que en determinados indicadores llegó a ser extraordinariamente grande. Eso no es lo mismo que perder el liderazgo.
Quizá la mejor manera de describir el sistema monetario de 2026 sea ésta: menos exclusivamente estadounidense, pero todavía profundamente dolarizado.
Y ahí está la diferencia entre dos historias completamente distintas. Una es: «El dólar se está acabando.» Los datos no la sostienen. La otra es: «El mundo está construyendo lentamente más alternativas al dólar.» Esa sí merece ser tomada muy en serio.
Porque si esa tendencia continúa durante diez, veinte o treinta años, quizá algún día miremos hacia atrás y descubramos que el cambio monetario más importante del siglo no ocurrió en una gran crisis. Ocurrió lentamente. Un punto porcentual cada vez.
Fuentes oficiales consultadas
- Fondo Monetario Internacional — Currency Composition of Official Foreign Exchange Reserves (COFER), primer trimestre de 2026.
- Bank for International Settlements — Triennial Central Bank Survey 2025 y Global Liquidity Indicators, primer trimestre de 2026.
- Banco Central Europeo — The International Role of the Euro, junio de 2026.
- Reserva Federal de Estados Unidos — estudios y conferencia de 2026 sobre el papel internacional del dólar y stablecoins.
- U.S. Department of the Treasury — Treasury International Capital, datos de junio de 2026 y principales tenedores extranjeros de Treasuries.
Este artículo tiene finalidad informativa y educativa. No constituye asesoramiento financiero, de inversión ni una recomendación de compra o venta de activos.