📌 Resumen
Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo — más que Arabia Saudí — pero su PIB colapsó más del 75% en una década. El caso venezolano es el estudio de cómo un recurso natural puede destruir una economía cuando se gestiona mal.
El país más rico en petróleo del mundo
Venezuela posee 303.800 millones de barriles de reservas probadas de petróleo, más que ningún otro país del mundo, superando a Arabia Saudí, Irán o Iraq. Con ese activo, Venezuela debería ser uno de los países más prósperos de América Latina.
En cambio, es uno de los más pobres, con más del 90% de su población en situación de pobreza y un éxodo migratorio de más de 7 millones de personas.
Cómo se derrumbó la economía
El PIB venezolano alcanzó su pico en 2013. En los años siguientes, la economía experimentó una de las contracciones más profundas de la historia moderna fuera de una guerra: más del 75% de reducción acumulada entre 2013 y 2021.
Para contextualizar: la Gran Depresión estadounidense de los años 30 redujo el PIB de EEUU aproximadamente un 30%. Venezuela superó esa cifra más del doble.
La maldición del petróleo
Los economistas llaman “maldición de los recursos” o “enfermedad holandesa” al fenómeno en el que la abundancia de un recurso natural destruye el resto de la economía. En Venezuela, el petróleo financió durante décadas importaciones masivas y subsidios que eliminaron la industria local.
Cuando el precio del petróleo cayó en 2014, Venezuela no tenía otra economía a la que recurrir. Todo el aparato productivo no petrolero había desaparecido.
La hiperinflación
En 2018, Venezuela registró una inflación del 1.700.000% — la tercera hiperinflación más severa de la historia mundial. Los billetes de bolívar se convirtieron en papel sin valor. El país pasó a funcionar con dólares informales como moneda real.
¿Qué lecciones deja Venezuela?
El caso venezolano es un manual de lo que no debe hacerse con los recursos naturales: dependencia extrema de un solo producto, destrucción de la institucionalidad económica, controles de precios que ahuyentan la producción y gasto público insostenible financiado con impresión de dinero.
El petróleo no es la maldición. La maldición es creer que el petróleo sustituye a una economía.
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